Cuando hablamos de una lesión deportiva o de dolencias físicas cotidianas, solemos pensar únicamente en músculos, tendones o articulaciones. Sin embargo, la evidencia científica muestra que las emociones y los procesos cognitivos están estrechamente vinculados con la salud física.
El estrés, la ansiedad, la frustración o la falta de motivación no solo aumentan el riesgo de lesión, sino que también pueden retrasar la recuperación. Desde un enfoque cognitivo-conductual, la psicología ofrece estrategias prácticas para prevenir lesiones y favorecer una rehabilitación más rápida y eficaz.
Emociones y cuerpo: una conexión bidireccional
- Estrés y tensión muscular: el estrés incrementa la activación fisiológica y provoca contracciones musculares mantenidas, lo que eleva el riesgo de lesiones.
- Ansiedad y atención: la ansiedad interfiere en los procesos atencionales, aumentando la probabilidad de descuidos, errores técnicos o sobrecargas.
- Estado de ánimo y recuperación: la frustración o la desmotivación reducen la adherencia a los programas de rehabilitación.
- Lesión y emociones: sufrir una lesión puede generar pensamientos negativos y emociones intensas (miedo, inseguridad, enfado) que influyen directamente en el proceso de recuperación.
El papel de la psicología en la prevención
El trabajo psicológico antes de una lesión ayuda a reducir riesgos y mejorar el rendimiento deportivo y personal:
- Entrenamiento en control de activación: técnicas de respiración y relajación para reducir el impacto del estrés en el cuerpo.
- Entrenamiento atencional: mantener la concentración en la tarea y prevenir errores.
- Reestructuración cognitiva: identificar y modificar pensamientos que fomentan la autoexigencia excesiva o el sobreentrenamiento.
- Refuerzo de la autoconfianza: aumentar la seguridad en las propias capacidades para actuar con mayor eficacia.
La psicología en la recuperación
Durante una lesión, la intervención psicológica puede marcar la diferencia en la forma de afrontar la rehabilitación:
- Apoyo emocional y cognitivo: trabajar el afrontamiento de pensamientos negativos y emociones asociadas a la lesión.
- Adherencia al tratamiento: estrategias de motivación y establecimiento de metas para mantener la constancia en el proceso.
- Técnicas de visualización y práctica encubierta: mejorar la ejecución de habilidades y la conexión con el cuerpo durante la recuperación.
- Reducción del miedo a la recaída: a través de la exposición gradual y el trabajo con pensamientos disfuncionales.
Conclusión
La psicología aplicada al deporte y la salud demuestra que la forma en que gestionamos nuestras emociones, pensamientos y conductas influye directamente en el riesgo de lesión y en la calidad de la recuperación.
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